"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 14 de agosto de 2014

Brazos eternos

Un niño de nueve años se acercó demasiado a una máquina en funcionamiento. El aparato lo agarró y sufrió la pérdida de los brazos. El pequeño se lamentaba por el accidente y, con los ojos llenos de lágrimas, le dio a su padre: “Papá, quisiera abrazarte, pero, no puedo porque ya no tengo brazos”. Por cierto, con nuestros brazos podemos hacer muchas cosas. Podemos tocar a alguien y abrazarlo como prueba de nuestro cariño y amor.
La Biblia dice: El eterno Dios es tu refugio y sus brazos eternos son tu apoyo” (Deuteronomio 33.27). ¡Qué expresión tan amorosa de parte de nuestro Dios! Los dioses paganos no tienen brazos para sostenernos. La estatua de la Afrodita de Milos o Venus de Milo tiene los brazos rotos, pero, aunque los tuviera sanos, ¿para qué le servirían?
Sólo el “eterno Dios”, es nuestro refugio y apoyo seguro. Él tiene brazos eternos para sostenernos, confortarnos, protegernos y bendecirnos en todo tiempo.
Es verdad, Dios podría extender sus brazos para castigarnos por nuestros muchos pecados, sin embargo, sabemos que Jesús extendió sus brazos sobre el madero de la cruz, fue clavado cruelmente en ella, quitando la deuda que pesaba sobre nosotros. Al creer en Cristo, al confiar en su sacrificio, sus brazos nos perdonan, nos sujetan y nos guardan cualquiera sea la circunstancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario